Tradiciones provincianas II: Alguien nos mira desde la sopa

junio 24, 2009

Esos ojitos negros o Alguien nos mira desde la sopa

In memoriam Jorge Rojas Samanez

El restaurante no tiene nombre ni letrero, en realidad tampoco es restaurante aunque cumple exactamente las mismas funciones. Es una “picantería” cusqueña ubicada en una casa muy antigua, de bases incaicas, a unas siete cuadras de la Plaza de Armas. Hay otra a dos cuadras que sí tiene letrero, en él se lee: “Picantería La Chuccha”, que en quechua significa pelo o cabello, pero no es tan buena como esta, además, piensa Eloísa, ese nombre como que no anima a entrar ¿no?

Eloísa está contenta, por fin el Jefe da señales de humanidad. No le ha importado atravesar el corredor oscuro y sucio de la entrada que uff apesta horrible porque ahí nomás están los baños que son unos cagaderos y meaderos infames como los de los mercados, los cines, los municipios, los estadios o los ministerios, es decir, como en todas partes; el Jefe lo ha notado pero no ha dicho nada. Ay usted disculpará Jefecito pero así son estos sitiecitos y él tranquilo, irreconocible, debe haber tomado algo el hombre, su tonelada de valeriana seguro, No te preocupes Eloísa, todo eso es parte del encanto, del color local que le dicen. Ella nunca le lleva la contra al Jefecito, ay tan lindo que es este Jefecito aunque a veces el desgraciado tiene un genio maldito, de repente hay oportunidad para llevarlo aparte y pedirle aumento porque lo que pagan en esta empresa de michi es una mi-seria mientras ellos se llevan la plata en carretadas, no es justo papay, Qué bueno Jefe, además el salón en su adentro es, ahí ya no apesta nadita, adelante por favor, pase, pase.

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