El niño compadrito


CULTO POP ULAR  EN EL CUSCO

VÍA CRUCIS (Y FURIA) DEL NIÑO COMPADRITO

Por: Gonzalo Rojas Samanez

Siniestro y bondadoso al mismo tiempo, protector o castigador, hijo, según una improbable leyenda, de un tiránico noble español con una nativa, su cuerpo supuestamente reducido en vida por vengativos selváticos recibe ahora el multitudinario fervor de los más humildes al interior de una urna de madera pobremente instalada en una vivienda cusqueña. El Niño Compadrito se comunica con sus fieles (convencidos de sus virtudes milagrosas y justicieras) a través de los sueños en una compleja trama de códigos y jerarquías. Fue proscrito oficialmente por la curia cusqueña en 1976 y estuvo en la clandestinidad durante 6 años retornando triunfante tras la muerte de sus supuestos detractores. Su culto cobra cada día nuevos adeptos en el sur peruano a un ritmo espectacular. Para colmo, según sus devotos, a esta mini calavera embellecida con ojos azules, pestañas y dientes, ahora le crece el cuerpo, ya no le entra la ropa, así que está lista, con todo derecho, para incorporarse a la galería de iconos de la religiosidad popular peruana junto a Sarita Colonia y similares. Aquí una primera entrega.

I

Afanosa, crispada, la mujer de mediana edad, sentada en una precaria banca, corta la parte inferior de una vela negra con una destreza que delata maestría en esto de hacer daño al prójimo. Vas a ver, esto nunca falla, le dice a la mujer pequeñita larga cabellera entrecana que la observa sin poder ocultar su impaciencia. Ya apúrate caracho responde la chatita. Pregunto: Señora, ¿para qué ha puesto ese nombre en la vela? La mujer no responde ni levanta la mirada, sigue dibujando el nombre “Armando”, con un gancho de pelo en la cera. Luego acerca el pabilo de la base ya cortada a uno de los cirios que alumbran al Niño Compadrito. Insisto en tono patero, Dígame señora… ¿A usted que le importa? -replica la más bajita con ferocidad y dirigiéndose a la otra: Vamos oye, rápido caracho Carolain. Sí mamá, responde la mujer más joven con voz nasal sin atreverse a levantar la vista. La “capilla”, como la llaman sus fans, está a tres cuadras de la plaza de Armas del Cusco, en una de esas callecitas empinadas y pintorescas que son encantadoras para bajar pero asesinas para subir a pié. El predio es alargado, los cuartos se alinean frente a un descuidado jardín repleto de jarrones y cajas y ropa tendida. En la primera de estas habitaciones encontramos al Niño Compadrito. La imagen no tiene más de 50 centímetros de alto y la calavera, que es lo único visible, unos 10 centímetros. Va ricamente ataviado con corona y mantos bordados, parecidos a los que cubren al Señor de los Temblores cuando sale de paseo en Semana Santa. La gente habla en voz baja. El ambiente está saturado de humo y pequeños objetos, desde carritos de juguete, detentes, posters del Papa, una alcancía, gran cantidad de velas encendidas, dos reclinatorios y un par de sillas. Ante la ventana, doña Clara, esposa del dueño de casa tiene una caja con velas de todos los colores, las velas negras ocupan más de la mitad del espacio. Los martes y viernes más de 200 personas pasan por aquí cada día. Mucho más de lo que recibe la vecina y tradicional iglesia de Santa Ana. Por lo menos mil devotos por semana. Don Abraham Valencia el único cusqueño que ha publicado un opúsculo dedicado al tema y un ciudadano mexicano de origen japonés recogen diversas versiones sobre el origen de Marito: que murió en un accidente, que cayó a una acequia, pero la más seductora es esta: Se trataría del hijo de un rico Virrey y una cusqueña que fue bautizado como Mario. Este Virrey, como era de esperarse, era bastante malo, súper cruel y encontraba gran contento en maltratar a todo el mundo. Cuando el inocente Mario tenía cerca de trece años fue secuestrado por gente que quería vengarse del padre. Se lo llevaron a la selva y frotaron su piel con hierbas mágicas que redujeron su cuerpo en vida. Sufrió una larga agonía hasta que finalmente murió. El esqueleto reducido de Marito fue descubierto después cerca de un riachuelo y pasó de generación en generación y se hizo conocido con el nombre de Niño Compadrito. (Versión de Frank Graziano en “Cultures of Devotion, Folk Saints of Spanish America”).

II

Estamos en el Chifa “Happyruna”, ante una sopa wantán, apetitosas presas de pollo frito y la inevitable Inca Kola. Conversamos con Juan Letona, quien alberga en su casa la imagen del niño compadrito. Sonriente, cordial, sencillo y apacible, Don Juan trabajó como publicista de detergentes, luego en la lavandería del Hotel Crillón en Lima, regresó al Cusco y se jubiló prematuramente para dedicarse a tiempo completo al cuidado del Niño.

- Don Juan ¿qué edad tiene usted?

“Bueno, ahora voy a contarle una pequeña historia del Niño Compadre (aquí descubrimos que debemos levantar la voz si queremos que Don Juan nos escuche) Por suerte nuestra abuela había ido a vivir a la casa del niño compadre, pasaron un mes, dos meses y entonces la llamaron a mi abuela y le dijeron: ‘señora Isabel, en usted nos hemos fijado, es buena señora usted, le voy a encomendar a mi niño compadre, a mí me ayuda bastante mi niño pero me da pena dejarlo solo, encerrado’, por que la señora hacía viajes a Lima, es así que mi abuela recibió gustosamente al niño”.

- ¿Le ha hecho algún milagro a usted?

“Sí, por que yo por jemplo hey pedido para mis hijos para que salieran bien del estudio (aquí repentinamente los ojos celestes de Don Juan se humedecen y la voz se le quiebra) y me dijo ‘no te preocupes yo ya estoy arreglando todo’ (en un sueño), en la mañana yo le conté a mi esposa y me dijo ‘tiene que ayudarnos’ y ahí está la ayuda, que mi hijo se ha ido allá (se refiere a Europa). Más antes no sabía de donde procede el niño, quienes eran sus primeros padres, de que manera murió, lo único que hizo la pequeña historia es el japonés, él, hizo sus análisis y me dijo de que es de 1750. Aquí en mi casa lo tenemos desde 1950”.

Takahiro Kato, ciudadano mejicano, logró su doctorado en Ciencias Sociales en la Universidad Iberoamericana en 2005 con una tesis sobre representaciones simbólicas en el mundo andino entre las que figura la del Compadrito. No dice nada sobre análisis o investigaciones sobre las características físicas del Niño. Sì es interesante -aunque tedioso- su estudio sobre la función de los sueños en la organización del culto.

- ¿Qué pasó en 1976?

“De que ha prohibido Monseñor por que él no creía, sacaron una ordenanza de que se le podía detener al niño y llevarlo a la iglesia, pero felizmente el Niño Compadre no quiso… lo llevamos a Huancaro, donde mi hermana, ahí estuvo por si viniera alguien, a la mayor parte de los devotos les decíamos ‘ya no está el Niño, se ido de viaje por Sicuani’. Después mucha gente que ha visto el accidente, en el hospital, dijeron que es un castigo del niño compadre”.

Letona se refiere a Monseñor Luis Vallejos Santoni, chalaco, prominente líder de la Teología de la Liberación, obispo del Cusco en 1975. Aquí aparece un asunto delicado y se refiere a la historia de los dos hermanos Letona que conocimos en Cusco, Juan y Federico, descendientes de legendarios inmigrantes oriundos de Letonia en el Mar Báltico “que llegaron al Cusco en la segunda mitad del Siglo XIX trayendo un importante capital” (Tamayo y Zegarra, “Las Elites cusqueñas”, editado por el INC Cusco, 2008, pág. 50). Los apellidos de estos letones, un amasijo de consonantes, eran tan complicados para los locales que les colgaron el lugar de origen como apellido. Mientras Juan dedicaba su vida a un culto informal y respondón, Federico trabajó durante muchos años en el Instituto Nacional de Cultura del Cusco y posteriormente en el Arzobispado como “eficaz director de museos” (Tamayo y Zegarra, op cit), es decir, se integraba por todo lo alto al establishement religioso. Aunque en viviendas separadas y con opciones religiosas diametralmente opuestas, Federico y Juan convivían en el extenso predio en la calle Tambo de Montero, antes de que este fuera parcelado. Hacia 1976, la exitosa carrera de Federico Letona como consultor en la curia se vio reforzada por el favor de Vallejos. Prueba de ello es que este aceptó una invitación a almorzar en la casa de Federico. Al salir del convite, luego de una alegre y rociada comilona, Vallejos se encontró con un considerable grupo de devotos que rezaba. Se acercó y descubrió al niño Compadrito. Mientras en las misas de la cercana iglesia de Santa Ana raleaban los feligreses aquí se les contaba por centenares. Juan Letona y otros testigos refieren que Monseñor Vallejos montó en cólera y reprendió acremente a los presentes conminándolos a renunciar a semejantes prácticas heterodoxas. Otro sacerdote, este de origen norteamericano, también militante en la Teología de la Liberación, habría “azuzado” a Vallejos para la “extirpación” de esta expresión popular por su carácter de idolatría. El Decreto de Vallejos (2-09-1976) habla de “culto pagano resabio del manismo”, “sacerdotes inescrupulosos que están incentivando tácitamente dichas desviaciones de culto indebido” y finalmente dispone que, “ante la duda de ser restos humanos o de un animal (mono)… con la colaboración del INC se hará la investigación antropológica respectiva”. Una investigación que nunca se hizo. En declaraciones periodísticas Vallejos se refirió al Niño como “efigie diabólica de facciones simiescas, un monstruo que debe ser incinerado”. Cuando le peguntaron por qué no podía ser considerado un santo replicó “porque estos son de facciones bellas”. El niño pasó a la clandestinidad y su culto se hizo itinerante, con ceremonias nocturnas. María Belén, madre de Letona, explicó entonces que el propio Niño, a través de revelaciones en los sueños, instruía a sus fieles para que lo lleven o lo saquen de un lugar u otro. El 8 de junio de 1982 Vallejos muere en un accidente automovilístico en Anta. En esos días, también en extrañas circunstancias, muere el sacerdote norteamericano enemigo del niño. Abraham Valencia Espinoza, experto cusqueño, autor de un opúsculo sobre el Compadrito cita testimonios de feligreses que asumieron la muerte de Vallejos como un castigo del Niño, “para demostrar que nadie debe burlarse de su carita”. Valencia y otros antropólogos han señalado que, hasta hace poco, en ese mismo vecindario, era usual que junto a los portones de las casas se conservase una calavera perteneciente al propietario original del solar. El único resultado evidente de la prohibición de Vallejos fue un incremento en el fervor popular y un nuevo look en su atuendo y rostro, tratando de hacerlo más pintón. Si bien esto debió ser motivo de fricciones entre los hermanos Letona, cada uno de ellos conversó por separado con nosotros y ambos evitaron cuidadosamente referirse al otro, pero cuando lo hicieron fue con un respeto y una tolerancia admirables. En todo caso lo extraordinario ha marcado no solo la historia de la familia Letona sino también la calle Tambo de Montero donde se escenificó una de las últimas intervenciones de la Santa Inquisición en el Perú: el descubrimiento de la llamada secta del “Cristo del Taco”. Pero esa es otra historia.

III

- Y por qué es tan pequeño?

Prácticamente el cuerpito estaba un poquito mal mi papa le arregló su cuerpito, las costillitas rotas, la columna estaba también rota, mi papá le arregló, le puso como una pequeña faja entonces sólo así se pone ahora paradito. El japonés dijo es que han podido darle los brebajes para reducir el cuerpo humano, o sea que practicaron la reducción del cuerpo humano en el niño hasta la muerte.

- ¿Usted habla con el Niño?

Bueno, la comunicación se hace por intermedio de sueños, siempre las señoras cuentan de que el Niño les ha hablado, les ha aconsejado, se les ha aparecido como un niño, claro, no tan chiquito, un niño de 10, 12 años. Si tienen un problema les dice: ‘ya no te preocupes yo estoy arreglando en el Palacio tus papeles o con la familia también”.

- ¿Palacio de Gobierno o Palacio de Justicia?

Sí pues. Muchas veces nos dicen, el Niño me ha pedido que le traiga y le traen un paquetito de cigarro o una copa de vino…

- ¿Hay alguna marca que el Niño prefiera?

No pide la marca, pide cigarro. Pide tiros también.

- ¿Cómo?

Tiros. Esas bolitas para jugar. IV La gente viene de Arequipa, Puno, Lima, Bolivia. Antes había sacerdotes que hacían misa, ahora las misas las hacen curas amigos en secreto, en las casas de los devotos. Nos dice que el actual alcalde del distrito de Santiago en Cusco es devoto del Niño, “viene con su familia, pero ahora como tiene problemas un poquito ha dejado de venir, él hacía pedido para que lo eligieran, ahora ya ha ingresado y un poquito se ha dejado… Hay una doctora que siempre viene para que le saque bien la operación… Los devotos siempre tienen amistades con los curas les suplican de que haiga misa pero en su casa, secretamente, sí. Antes las misas se hacían en San Pedro, un templo grande, se llenaba, en san Jerónimo también se llenó, se quedó admirado el cura. ”

- ¿Es cierto que sigue creciendo?

Es cierto. Un día le hemos puesto la ropita antigua y le quedaba chica, el niño ha crecido. Cuando nos acercamos a Letona para la despedida, nos entrega una bolsa de plástico blanco con los pedidos que hacen los devotos al niño Compadrito. Una ojeada: fotos, pedazos de papel periódico, papel cuadriculado, estampas de cartulina, postits, cualquier cosa sirve. Por la noche, mientras afuera la luna llena baña las escasas nubes con un azul sobrenatural, bajo el cielo estrellado y deliciosamente mágico del Cusco, envuelto en el traqueteo achacoso de una estufa eléctrica de la época de Leguía como ruido de fondo y en la sensación de estar violando correspondencia ajena, voy revisando los pedidos. Lo mejor y lo peor, las expresiones más nobles y las más siniestras aparecen en la grafía nerviosa de hombres y mujeres, jóvenes, adultos, viejos , casi todos ellos cusqueños, desesperados, enloquecidos por una pasión amorosa, arrinconados por las dificultades o la suerte mala. Según un dicho oriental la pasión es la materia de la cual están hechos nuestros dioses, sin embargo, este caso hay más, hay desilusión, hay como un espasmo provocador en estos pedidos. Lo veremos en la segunda parte de este reportaje.

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4 respuestas a El niño compadrito

  1. ¡Qué mostro, Gonzalo! Tremendo reportaje que bien merecía su espacio en un programa televisivo dominical por lo bien (d)escrito.

  2. gloria dice:

    hola soy gloria escribo para dar testimonio de que los milagros del niño compadrito es verdad a mi ya me a cumplido 2 milagros me falta el 3ro y entonces todo el mundo se enterará de que lo imposible se hace posible con un poquito de fé y de buen corazó´.
    Hasta pronto queridos internautas

  3. gloria dice:

    hola soy gloria escribo para dar testimonio de que los milagros del niño compadrito es verdad a mi ya me a cumplido 2 milagros me falta el 3ro y entonces todo el mundo se enterará de que lo imposible se hace posible con un poquito de fé y de buen corazón.
    Hasta pronto queridos internautas

  4. CÉSAR dice:

    SEÑORES DE CPN, PORQUÉ QUITARON EL COMENTARIO QUE ESCRIBIÓ AYER UN OYENTE DONDE CRITICABA A LA DOCTORA BARRAGAN?
    ESO NO ES DEMOCRACIA SEÑORES, RESPETEN EL DERECHO DE OPINIÓN Y DE CRÍTICA.
    EL OYENTE NO LES FALTÓ EL RESPETO EN NINGÚN MOMENTO, SOLAMENTE CRITICÓ LA FALTA DE OBJETIVIDAD E IMPARCIALIDAD DE LA DRA. BARRAGÁN AL ENTREVISTAR Y DECIR QUE VOTARÁ POR EL DR. SANTIESTEBAN, CANDIDATO AL COLEGIO DE ABOGADOS DE LIMA, CUANDO SABE QUE SON DOS LOS CANDIDATOS EN COMPETENCIA (EL OTRO ES EL DR. ÑIQUE).
    TAMBIEN YO COMPARTO LA OPINIÓN DEL OYENTE CUANDO DICE QUE LA DRA. BARRAGÁN DEMUESTRA EVIDENTES LIMITACIONES PARA CONDUCIR UN PROGRAMA DE RADIO EN UNA EMISORA DE LA CATEGORÍA DE CPN.
    NO LES VENDRÍA MAL HACER UN CASTING PARA EL 2010 ENTRE TANTOS DESTACADOS ABOGADOS QUE EXISTEN EN LIMA.

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